
A fines del siglo xix la tradición caligráfica occidental estaba casi desaparecida.
La norma en Europa y Estados Unidos era el estilo cursivo más o menos elaborado
—incluso la Inglaterra victoriana volvió a interesarse por las formas góticas
de la Arquitectura y también por las de los libros-- y manuscritos decorados
por los copistas monásticos.
Los rotuladores artísticos victorianos utilizaban plumas puntiagudas para
dibujar y rellenar las formas de las letras medievales. Sin embargo no encontraban
la manera de obtener el mismo tipo de letras que lograban los pacientes monjes
medievales que copiaban libros enteros.
Morris intentó hacer resurgir la escritura y la iluminación de la Edad Media
al considerar el diseño victoriano como algo pobre y degradado por la industrialización,
por los procesos impersonales de fabricación.
Encabezó la renovación del diseño de los productos estudiando las formas y
criterios de la artesanía pre-renacentista. Diseñó empapelados, tejidos y
muebles.
Sus diseños influyeron e impactaron en las actitudes y métodos de los artistas
y artesanos así como en el gusto del público.
En 1890 fundó la Kelmscott Press que comenzó a producir libros inspirados
en tradiciones muy anteriores, de espíritu medieval.
La historia de Johnston puede empezar como un cuento: érase un joven que
amaba las letras. Las amaba por sus formas. Amaba la rotulación y la iluminación.
Y este amor creció.
En la última década del siglo xix, en el ambiente de inspiración medievalista
creado por Morris, el maragato Edward Johnston redescubría las técnicas de
la caligrafía medieval, creando una nueva escritura basada en ellas.
Fue el precursor de una gran innovación en la tipografía universal, inspirador de grandes maestros de la tipografía. Creó de un tipo de imprenta que ha perdurado hasta hoy.
Johnston estableció las prácticas básicas de la caligrafía moderna por un
“giro” del destino. Pero también a fuerza de trabajo duro. Quería ser médico
y la rotulación y el diseño eran solamente su hobby. Su formación artística
era autodidacta.
Irónicamente debió interrumpir sus estudios de Medicina en Edimburgo a causa
de sus problemas de salud.
Ya antes de marcharse a Londres empezó a considerar su otra vocación.
Su nueva esperanza sería poder emplear sus talentos como artista estimulado
por familiares y amigos. Hicieron llegar muestras de sus trabajos a Harry
Cowlishaw quien era un reputado calígrafo y decorador.
Cowlishaw respondió favorablemente haciendo críticas constructivas a las rotulaciones
de Johnston.
En su primer día de estadía en Londres Johnston conoció a Cowlishaw quien
le presentó a W. R. Lethaby, director de la nueva Escuela Central de Artes
y Oficios quien a su vez había sido amigo y discípulo de William Morris.
Lethaby recomendó a Johnston encarecidamente dos cosas: que perseverara en
la escritura y en la iluminación.
Pasó poco tiempo desde este encuentro y Lethaby demostró su confianza en Johnston,
le ofreció un puesto de profesor en la Escuela Central.
Todo esto ocurría en abril de 1898. A sus 26 años. ¡Qué lejos había quedado
Uruguay!... ¡y San José!
Johnston alquiló un estudio en Bloombsbury, cerca de la Escuela de Arte y
del Museo Británico. Las clases no pudieron comenzar hasta setiembre: tenía
vacaciones forzosas, por lo tanto tomó una decisión que haría cambiar la comprensión
y el desarrollo de la caligrafía.
Se dedicó a estudiar e investigar en el Museo Británico, copió antiguos manuscritos,
aprendió la forma y la técnica de los escribas medievales perfeccionando sus
propias habilidades caligráficas.
Una apasionante investigación con una contundente conclusión: las letras
medievales no se dibujaban con un instrumento puntiagudo. Eran formas naturales
creadas por una pluma, de ave o caña, de borde ancho y plano.
Tenían la punta cortada horizontal u oblicuamente lo que era causa de un hecho
capital: la variación entre trazos gruesos y finos.
Y también revelaba otra cosa: el énfasis predominante en las formas alfabéticas
particulares.

Sus primera clases tuvieron un enorme éxito. Nadie más enseñaba a escribir
a pluma. Un año más tarde empezó a dar otras clases, en la Escuela de Arte
Camberwell.
En 1901 Lethaby fue nombrado profesor de diseño en el Royal College of Art
y también invitaron a Johnston a dar clases allí.
Mientras enseñaba a otros, seguía aprendiendo su arte. Entre sus primeros
alumnos había jóvenes talentos: Eric Gill, Noel Rooke, etc. Pero también figuras
ya establecidas como T. J. Cobden Sanderson, encuadernador y tipógrafo que
había trabajado con William Morris y dirigía una imprenta propia: la Dove
Press.
En aquellas clases había algo especial, un espíritu de mutua exploración y
estímulo y un profundo respeto que los estudiantes sentían por el entusiasmo
y las investigaciones de Johnston.
Johnston y sus alumnos experimentaron con todos los aspectos de las prácticas
medievales: mezclaron tintas y colores, cortaron plumas de ave, prepararon
vitela, hicieron dorados.
Realizaron también nuevas valoraciones de las construcciones de las letras
medievales y de las formas y proporciones básicas del alfabeto romano.
Pero además, Johnston realizó algo capital: creó una nueva escritura a la
que llamó Fundacional, basada en la escritura de Winchester del siglo x enseñándola
en sus clases como escritura típica.
Jamás, en su carrera, descuidó su meta esencial de volver constantemente a las formas originales, a los antiguos manuscritos e inscripciones revisando siempre las formas de las letras para mantenerse a tono con los tiempos sin perder el debido respeto a los materiales e instrumentos tradicionales.
La influencia de Johnston fue extraordinaria y se sigue notando en nuestros
días. En Inglaterra, en Europa, en los Estados Unidos, en el mundo...
Durante muchos años se reiteró un hecho en Inglaterra respecto a los profesores
y practicantes de caligrafía: la mayoría ¡eran discípulos de Johnston!
En 1906 lanza su publicación capital Writing & Illuminating & Lettering
(Escritura, iluminación y rotulación). Libro que aún es un texto básico sobre
escritura formal y diseño iluminado, y que ha sido publicado en muchos países.

Johnston estaba hundido en las raíces de la antigüedad y sin embargo creó
uno de los diseños más vanguardistas de la época.
En 1916 recibe un encargo de la compañía del Metro de Londres (London Underground).
Debía diseñar un tipo para uso exclusivo de la misma.
Johnston “buceó” en sus conocimientos de las formas clásicas y creó un tipo
sin remates (serif) auténticamente pionero que rompió con sus precedentes,
los “sin remate” victorianos.
Aplicó a sus letras un riguroso concepto de geométrica simplicidad y el resultado
fue un tipo que se anticipó a la ola de diseño del Movimiento Moderno que
llegaría unos años después, en la década de 1920.
El tipo se convirtió inmediatamente en un clásico. Pasó en seguida a formar
parte de la identidad visual del Metro londinense. Hoy mismo sigue utilizándose
a lo largo de toda la red en su forma digital revisada, denominada New Johnston.
El tipo Underground significó una fundamental contribución, una nueva manera
de entender el diseño tipográfico.
¿Dónde se palpan los resultados más evidentes? En la inspiración que proporcionó
a otros tipos seminales, Futura, de Paul Renner; Gill, de Eric Gill, etc.
No en vano Eric Gill había trabajado con Johnston.
Estos nombres generarían una innovación, una concientización, la necesidad
de reavivar la herencia tipográfica.
También Jan Tschichold fue inspirado por Johnston, por sus técnicas de rotulación.
Johnston no solo ansiaba descubrir todos los detalles de su oficio, también
sentía el impulso de explicarlos en términos precisos. El proyecto de su Underground
de 1916 contiene bellas notas explicativas, admirablemente realizadas por
su propia mano.
Mas tarde comenzó otro libro que incluía y ampliaba la información de sus
primeros trabajos. Este trabajo lo tuvo ocupado durante los últimos años de
su vida, quedando inconcluso a su muerte.
Heather Child editó las notas y las publicó con el título Formal Penmanship
(Escritura formal).
Han quedado demostraciones de las clases de Johnston, se conservan en fotografías
que demuestran el inmenso vigor de su trabajo.
Compilado por: Andrés Takach
Publicado por: Vicente Lamónaca
(cc) Sociedad Tipográfica de Montevideo 2008 // Andrés
Takach