1. ¿Cómo surge la Unión de los Tipógrafos?
La Unión de los Tipógrafos es una organización muy antigua en Chile. Surge
a mediados del siglo XIX en Santiago por iniciativa del tipógrafo peruano
Victorino Laínez con el nombre de Sociedad Tipográfica de Santiago y fue
la primera asociación mutualista en mi país. Fue duramente reprimida por
el gobierno de la época, pero fue referente para la fundación de la Sociedad
Tipográfica de Valparaíso que a su vez inspiró las sociedades de Lima y
Buenos Aires. Se refundó algunos años más tarde con el nombre de Unión de
los Tipógrafos y su objetivo fue por más de cien años velar por los derechos,
garantías, bienestar y educación de los obreros tipógrafos.
Esta Sociedad perdura hasta hoy, pero con los cambios tecnológicos se fue
perdiendo el oficio de la tipografía y la agrupación, que fue heredada por
personas ajenas a la disciplina, se alejó de sus objetivos iniciales.
La tipografía volvió a mostrarse fuerte como disciplina en Chile con el
cambio de milenio, principalmente de la mano del colectivo tipografía.cl
y de las actividades que se desarrollaron en diferentes ámbitos. Apareció
por primera vez el diseño formal de tipos y se le tomó un poco más de importancia
en el ámbito académico, comenzando a ocupar espacio en las mallas curriculares
y en el debate profesional con la publicación de algunos textos. También
influyó mucho la presencia de la revista tpG.
Fue en ese contexto como un grupo de estudiantes de diseño, en la Universidad
Tecnológica Metropolitana en Santiago que habíamos sido alumnos de la gente
de TCL y estábamos bien metidos en el tema, decidimos que ya era hora de
comenzar a profundizar un poco más en la materia, pues no queríamos que
ese impulso inicial se perdiera con la reiteración de los mismos contenidos
iniciales. Gracias a la profunda investigación del profesor Eduardo Castillo
conocimos la historia de la Unión de los Tipógrafos y consideramos que era
una figura digna de seguir. Fue justamente en una charla de Castillo cuando
decidimos junto a Conrado Muñoz formar una nueva unión de los tipógrafos,
e invitamos luego a nuestros amigos Javier Quintana y Cristian Pasciani
con quienes iniciamos un colectivo de trabajo elaborando un sitio web donde
publicar artículos sobre la tipografía y realizamos otras actividades como
un pequeño taller dentro de la universidad donde compartimos nuestros conocimientos
con alumnos de segundo año interesados en la disciplina. Hemos ido avanzando
en nuestra idea inicial y también en la de Laínez y actualmente estamos
trabajando por formar más que un colectivo, una comunidad de beneficio mutuo
donde compartir conocimientos y esfuerzos, para ir aprendiendo y creciendo
en la disciplina; es así como se han ido integrando nombres como Felipe
Pimentel, Luciano Vergara, Daniel Hernández y Jko Contreras.
2. Varios colegas del continente que se dedican a lo tipográfico forman parte de colectivos, pero sus trabajos en sí, son presentados individualmente. En lo tipográfico ¿qué se debe (o puede) hacer individualmente, y qué colectivamente?
Pienso que no hay una norma, se puede hacer de todo un poco y eso es un
aporte. La idea del trabajo colectivo ha encajado muy bien en Latinoamérica
porque nos damos cuenta de que tenemos un gran objetivo común: recorrer
rápidamente un largo trecho de más de cinco siglos de retraso con respecto
al viejo mundo. Es lo que se hizo en Estados Unidos; allí aparecieron las
primeras fundiciones colectivas y agrupaciones tipográficas importantes,
logrando en algunos aspectos ponerse a la par con la tipografía europea.
La idea de aprender mutuamente, y ayudarnos a saciar muchas inquietudes
hace que prolifere el trabajo colectivo, pero también creo que es importante
la exploración personal y el surgimiento de estilos individuales. La aparición
y éxito de individualidades también ayuda mucho al conjunto, sirve para
evaluar, motivar, etc. El caso de Ale Paul, Gabríel Martínez Meave o Pancho
Gálvez acá en Chile son un aliciente para que todos queramos destacar en
distintas áreas. Es bueno trabajar en conjunto y también es bueno trabajar
individualmente. ¿Qué? es independiente, creo que es bueno probar de todo
un poco hasta dar con lo que más nos acomoda y seguir probando. También
es importante compartir lo que uno va descubriendo solo y compararlo con
otros.
En mi caso, he trabajado colectivamente la parte académica, investigar,
escribir y compartir ideas, pero también intento hacerlo solo; intento escribir
periódicamente ensayos sobre lo que voy reflexionando y se lo muestro a
mis amigos para saber qué opinan de ello. A veces hay cosas más interesantes
que otras.
Con la práctica funciona de manera similar, muchas veces hago tipos o los
uso en trabajos personales buscando distintas inquietudes, pero también
hay ocasiones donde me toca trabajar en equipo ya sea por encargo o por
motivación y también resultan cosas interesantes. Desde hace tiempo tenemos
con Javier Quintana el proyecto de una fundición donde pretendemos publicar
los tipos que hacemos individualmente y en conjunto. Si bien conocemos a
mucha gente que diseña letras, hemos decidido trabajar ambos por la afinidad
en nuestros diseños y forma de entender la tipografía; ha sido muy grato
diseñar e investigar con él, pero también a veces confrontar nuestros dibujos
y opiniones.
3. ¿Puedes compartir y comentar con nosotros algunos trabajos tipográficos en los que te encuentres trabajando en la actualidad? (o que hayas realizado recientemente)
Si, bueno, lo más actual es el proyecto que he trabajado para titularme como diseñador y diplomarme como tipógrafo; se trata de una familia de texto inspirada en la poesía creacionista de Vicente Huidobro. Ultimamente he profundizado bastante en las relaciones entre poesía y tipografía, donde he encontrado ciertos criterios que me parece han cambiado un poco mi forma de enfrentarme al diseño de tipos. Desde que empecé me interesé por esa relación: hice una fuente llamada Neruda que la tengo botada hace bastante tiempo y con lo que he aprendido hasta ahora tengo ganas de comenzar a rediseñar completa.

En Altazor, la familia creacionista, estoy trabajando ahora las itálicas y espero tenerla lista a mediados de marzo.
Por otra parte, estoy trabajando hace bastante tiempo una familia sans para utilizar en sistemas de información y señalización. Tengo unas tres variantes y espero completar unas dieciseis considerando sistemas pictográficos y varios pesos. He tenido la suerte de utilizarla un par de veces para probarla, lo que lógicamente genera cambios, a veces bastante drásticos.
Otro proyecto bien bonito es completar la vectorización de una letra vernácula que comenzó mi compañero Javier Quintana; se trata de tomar los dibujos realizados por un maestro pintor de letreros que hacía unos magníficos diseños para el antiguo sistema de transporte público de Santiago y que hoy se encuentra en una situación muy complicada de salud y de plata. Javier ya digitalizó el alfabeto (el maestro sólo trabajaba con mayúsculas) y yo debo completar el set para hacer una fuente comercializable que distribuiremos a través de Latinotype y las utilidades irán en beneficio del maestro.
En carpeta por ahora tengo el retomar algunos diseños que he abandonado por falta de tiempo: Una familia de texto en conjunto con Javier Quintana que comenzamos para el Tipo-Q y que nunca terminamos, una letra de títulos inspirada en un antiguo logotipo y un dingbat de los dibujos de Nazca.
4. Es reconfortante ver como tus proyectos tienen una
vinculación directa
con Chile. La tipografía, ¿se vincula forzosamente con la cultura local?
Sí, como todo. Es imposible dejar de impregnar nuestra carga cultural
en todo lo que hacemos y en la tipografía ocurre algo singular; creo
firmemente que la tipografía es la expresión visual del lenguaje, y
basándonos en la teoría de Saussure, creo que en ella se manifiesta el
habla. Los matices que se generan tanto en el habla como en la
tipografía (los tipos y su uso), los diferentes timbres que podemos
hallar en Santiago, en Montevideo o en La Habana, hacen que el
lenguaje sea algo exquisito, lleno de condimentos.
Siempre que diseñamos tipos, o al usarlos, nos sumergimos en un
imaginario, un marco conceptual, ya sea la gastronomía precolombina,
el expresionismo alemán o los sistemas de impresión de bajo costo, y
siempre de alguna u otra manera estamos filtrando según nuestra propia
experiencia, no podemos evitarlo aunque queramos, es nuestra visión
del tema, nuestra forma de enfrentar el mundo.
Claro que no creo que esto sea lo único ni lo más importante en
tipografía, es simplemente un fenómeno muy interesante y entiendo que
lo que a veces nos puede parecer local, también es local en muchas
otras partes. A mí me gusta hacerme cargo de lo que tengo al rededor
porque me interesa intervenir y trabajar con lo que siento como
propio, creo que es importante, pero eso es solamente una cuestión
mía, es sólo lo que yo creo.
5: ¿Cuándo te parece que dejaremos de sentirnos los nuevos en esta materia?
Uf, difícil pregunta. La lógica diría que nunca alcanzaremos a Europa porque
mientras nosotros avanzamos ellos también están avanzando, pero las cosas
no son tan lineales. En verdad no sé cuando ocurra o si algún día ocurrirá.
Mientras no suceda, me parece que estamos en una posición privilegiada;
recuerdo haber leído alguna vez que el peor momento para un montañista es
cuando llega a la cima, porque entonces se le acaba la montaña para seguir
escalando. Por lo que sé, no solamente nosotros sentimos un importante avance
en la tipografía latinoamericana en la última década, también eso lo han
notado afuera y es de esperar que en los próximos diez años sigamos creciendo
y que cuando llevemos cinco siglos también lo sigamos haciendo. Aunque si
bien nuestro referente innegable es y seguirá siendo Europa, creo que como
todo niño debemos disfrutar la infancia y no querer madurar antes de tiempo,
tenemos el espacio para equivocarnos y eso es muy ventajoso.
Lo que más me preocupa en este momento en ese sentido, es en educar a la
gente que no conoce si quiera la palabra tipografía y que no sospecha que
hay una disciplina que se dedica a las letras que lee. Me apena ver que
esto pasa incluso entre los mismos diseñadores, tipógrafos que componen
textos todos los días. En la medida que la gente sepa de la disciplina,
podrá exigir mejores letras y textos para leer en todas partes, lo que elevará
el nivel. Hace un par de días conversaba con un francés que no tenía ninguna
relación con el área y por cultura general sabía más de tipografía que muchos
diseñadores que conozco; espero que en algún momento la gente sepa algo
de tipografía por cultura general y eso también nos permita a muchos que
adoramos el trabajo con letras dedicarnos cien por ciento a ello. Claro
que cuando eso ocurra tendremos menos espacio a errores, pero también será
más entretenido, se abrirán también muchas otras puertas y seguiremos creciendo.
¿Al nivel de Europa? no sé, prefiero pensar que al futuro nivel de Latinoamérica.
(cc) Tipografía Montevideo 2008 // Felipe Cáceres