1. Al parecer Colombia, al igual que Uruguay, no es uno de los países “centrales” en cuanto al desarrollo de la tipografía en el continente ¿cuáles son a tu juicio los pasos que deberíamos dar para generar, consolidar y/o acentuar avances en la materia?
Si, es verdad. A nuestro legendario atraso tecnológico se suma una “cultura de la dependencia”, por la cual creemos que todo es mejor si lo compramos hecho, porque a corto plazo sale más barato. En mi opinión, para revertir esta tendencia tan marcada, se necesitan eventos como Tipos Latinos que exhiban el trabajo del diseñador tipográfico latinoamericano y, eventualmente, promuevan la demanda de productos tipográficos. También ayudaría mucho la creación de programas académicos de posgrado en las universidades que den herramientas a los diseñadores para responder a los retos que implican el desarrollo de tipografías digitales. Aunque todas las universidades coinciden en reconocer la importancia que tiene la tipografía en la estructuración del diseñador gráfico, llama la atención la ausencia de programas de posgrado.
2. Sin embargo este contexto, tus trabajos (urbana, oblicua) han trascendido las fronteras de Colombia, han sido reconocidos en listas de preferencias, etc. ¿Constituyen un hecho aislado o son parte de un movimiento en la tipografía de tu país?

La verdad no sé. Me gustaría creer que formamos parte de alguna clase de movimiento tipográfico latinoamericano, pero tal vez sea muy pronto para decirlo. Lo que sí sé es que Argentina ha sido una influencia notable para toda la región; el bicho de la tipografía me picó de manera definitiva en 2004, durante una charla de Rubén Fontana sobre su experiencia tipográfica. Aunque actualmente estamos en el trabajo de consolidar un colectivo de tipógrafos colombianos aficionados, hay que reconocer que estamos “en pañales” al lado de otros países. Sin embargo, es posible que de este grupo salgan bastantes trabajos para presentar en Tipos Latinos 2008 y así darle a Colombia una representación medianamente digna.
3. Si aceptamos el saber hacer y el saber percibir como dos áreas del conocimiento separadas: ¿qué papel cumple cada una de ellas en tus procesos de diseño tipográfico?
Es una pregunta difícil. Tal vez el saber percibir fue para mi lo primero
cuando me autoimpuse el reto de diseñar una familia tipográfica. Desde que
ingresé a la universidad me apasionó el tema de la tipografía y memoricé
cuantas formas pude, al punto de que, al graduarme, podía distinguir unas
quince familias tipográficas diferentes y dibujar de memoria como cinco.
Creo que este fue un buen comienzo que me ayudó tremendamente, tiempo después,
a dibujar formas más o menos originales a partir del reconocimiento de las
existentes.
Por otra parte, considero que el saber hacer es un proceso alimentado principalmente
por la experiencia. Creo que a veces se necesita más confianza en uno mismo
que conocimientos académicos para diseñar una tipografía. Si uno tiene claro
lo que quiere, tarde o temprano uno mismo hará lo necesario para adquirir
el conocimiento que lo llevará a los resultados deseados. De alguna manera,
Obliqua es —aun hoy— la escuela que me enseñó, mediante la experiencia,
los principios fundamentales del diseño de tipografías. Espero aprender
mucho más que eso en el futuro cercano.

(cc) Tipografía Montevideo 2008 // César Puertas